1.9.11

Un Septiembre algo peculiar.

El mal tiempo asoma la cabeza. Lluvia, frío, nieve... casi sin tiempo para ir a la playa.
Que corto se me hizo el verano esta vez. Estaba yo en mi cama, echado, con mi libro de intriga llamado "Los muñecos de Israel". Trataba de una historia de un chico con muchos muñecos, y al final esos muñecos se movían... todo un disparate.
           Esa misma tarde quería salir a jugar, pero mi madre no me dejaba, ya que se había puesto nublado y empezaba a hacer fresco. Eran las 7 de la tarde, y yo estaba aburrido en mi casa, en silencio, y sin televisión porque se había ido la luz. Entonces se me ocurrió una idea: hacer mi propio muñeco.
Sé que no es habitual en mi, pero estaba aburrido, y el aburrimiento hace mucho.
         Entonces, empecé a hacer mi nuevo muñeco: cogí telas de colores, botones, hilo de coser y algunos adornos que encontré por mi casa. Seguí haciendo mi muñeco hasta que obtuvo forma "humana".
 No creí que había hecho un muñeco vudú ni nada parecido. Solo... un muñeco con quien jugar, abrazar e incluso dormir. Ahora tocaba ponerle nombre; lo llamaré Henri, Henri Lissen.
     
               ~Lo que el niño no sabía es que Henri iba a ser un problema para su él y su familia~

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