A la mañana siguiente, me levanté como siempre, muy contento y con hambre. Dí los buenos días a Henri y bajé a desayunar. Cuando volví a mi cuarto y miré al sitio donde había dejado a Henri, estaba metido en un cajón de mi cómoda. ¿Cómo llegó hasta allí? si no entró nadie en mi habitación desde entonces. Solo estamos mamá y yo en casa, y ella ha estado desayunando a mi lado. Lo volví a colocar en su sitio, encima de mi mesita de noche, con su sillón hecho de algodón rojo.
Entonces, mi madre me llamó para que bajara a ayudarla, como de costumbre. Al rato, volví a subir y me impresioné: ¡Henri no estaba en mi habitación! Busqué por toda la casa, hasta que encontré una pista. Era un trozo de tela con la que hice a mi muñeco. Se encontraba enfrente de las escaleras que bajaban al sótano. Bajé con cuidado a oscuras. Cuando llegué abajo, vi algo extraño.
Era mi muñeco, debajo de la lavadora (*-*). ¿Y ahora cómo lo saco de aquí?- me pregunté. Entonces me las ingenié hasta que pude llevar la lavadora hacia un lado y poder coger mi muñeco. Para mi sorpresa, me encontré un charco, bastante grande, de sangre. Era difícil que se colase algún bichejo lo suficientemente grande para que haya tal cantidad de sangre. Parecía fresca, aunque no lo sabía, debido a mi corta edad. Cuando me volví para subir hasta mi habitación, vi algo brillar. Me acerqué y era un cuchillo con los que mi padre corta la carne (era carnicero, no os asustéis). También lo cogí y le pregunté a mi madre que estaba haciendo el cuchillo de papá en el sótano, si los tiene muy bien guardados en un cajón oculto de la cocina (para mi precaución) ni tampoco baja nunca al sótano. Me contestó que no tenía ni idea, pero que cuando llegase de trabajar, se lo diría.
Ya en mi cuarto, me quedé mirando a mi muñeco fijamente, pensando cómo puede llegar hasta esos sitios sin que lo toque nadie. En ese momento, me fijé que tenía la mano derecha llena de manchas rojas. Pensé que eran pinturas, porque estuve coloreando, pero no, olía raro...
Tan concentrado que estaba, la puerta de mi habitación se cerró de golpe, muy fuerte, que me asustó. ¿Cómo se cerró si no entraba aire por la ventana? ¿y tan fuerte se había cerrado que se desconchó la puerta? Empecé a asustarme más, y de pronto, oí un estruendo abajo. Bajé a toda prisa, casi volando, y encontré a un pájaro en el suelo lleno, de nuevo, de sangre. Ya no sabía que hacer, así que lo dejé para que mi madre lo recogiese.
Que casualidad: mi muñeco se mueve dos veces de su sitio, encuentro sangre y el cuchillo de mi padre en el sótano tirados, un pájaro entra en mi casa muerto... Aquí pasa algo raro...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
COMENTARIOS ESPECIALES: